Norah Magazine con Mila Cahue

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¿Por qué parece tan complicado encontrar a la persona ideal?
Por un lado, solemos ser poco objetivos, pues creamos una imagen de persona ideal que la mayoría de las veces no se ajusta a lo que nos conviene en realidad ni a nuestro estilo vida. Por otro, rara vez nos paramos a pensar si nosotros seríamos la persona ideal para esa persona ideal que esperamos.

¿No cree que las películas románticas han hecho muchísimo daño al construir un ideal de pareja totalmente alejado de la realidad? Las películas románticas son una fantasía y un entretenimiento. Debemos acostumbrarnos a tener criterio suficiente para distinguir lo que es fantasía de realidad y comprender que los momentos románticos son la chispa de una relación, pero no son la relación.

¿Cómo se reconoce el amor del bueno? ¿Qué características tiene? Como aclaro en mi libro Amor del Bueno, se reconoce por la huella que deja o por el efecto que produce, que suele ser de desarrollo, plenitud y bienestar. A priori hay muchas cosas que podrían parecer amor del bueno, pero cuyo rastro es de dolor y de sufrimiento. Eso no es ni amor ni es bueno.

¿Y el malo? En realidad no hay amor del malo. Lo que ocurre es que llamamos amor a muchas conductas que nada tienen que ver con él: la dependencia, la obsesión, los celos, el hipercontrol, el chantaje e incluso el maltrato. Es importante aprender a llamar a cada cosa por su nombre para que no nos confundamos, pues los errores suelen doler.

Aquello de los “Los amores reñidos son los más queridos”… Habría que saber más sobre el origen de este refrán. Así, a palo seco, sería mejor desestimarlo.

¿Es difícil amar bien? En uno de los capítulos del libro menciono que amar es una conducta mientras que el amor es un sentimiento. Como todas las conductas, nos resultarán difíciles si, por un lado, las hemos practicado poco y, por otro, si no nos las han enseñado bien. Cuando se tienen buenos maestros o se tiene buena disposición para aprender, amar deja de ser difícil para convertirse en una práctica que produce una enorme satisfacción.

¿Cuánto trabajo y esfuerzo requiere conservar un amor del bueno? El que haga falta, ni más ni menos. El amor es una experiencia tan extraordinaria en la vida que bien merece que le dediquemos la atención y tiempo que necesite. Si lo comprendemos así, el trabajo que hay que hacer no es un sufrimiento, sino un esfuerzo agradable, como el que realiza el deportista para conseguir su medalla.

¿Qué se hace cuando en la pareja uno se desvive y el otro simplemente se deja llevar? Suele haber un desequilibro que puede no ser perceptible al principio de la relación. Pero la experiencia nos dice que con el paso de los años el que se deja llevar puede querer que nadie le diga lo que tiene que hacer o el que se desvive puede llegar a agotarse de ir tirando continuamente de la relación. En ambos casos, el amor suele transformarse en resentimiento y distanciamiento. Es importante que desde el principio se establezca un flujo recíproco, equilibrado y satisfactorio. Si uno empieza a sentir que está dando sin límites, deberá marcarlos en algún momento. Y si se da cuenta de que está demasiado acoplado a una situación cómoda, ¡ojo!, es mejor que tome las riendas de su vida junto con su pareja cuanto antes.

¿Cuál es el problema principal de las parejas de hoy en día? Por un lado, la falta de tiempo y, por otro, la falta de organización. Las parejas tienen muy poco tiempo para dedicarse a salir relajados y a compartir buenos momentos juntos, especialmente cuando llegan los hijos. Hay que reservar un tiempo regular sólo para los dos, sin niños ni amigos. Esa misma falta de tiempo requiere unos mínimos de organización y de responsabilidad. Hay demasiadas tareas que hacer, grandes y pequeñas, y, o se tiene claro a quién le corresponden y se cumple con lo pactado, o el conflicto está asegurado. Cuando las tareas están repartidas y ambos cumplen con sus partes correspondientes, vivir con un buen compañero o compañera es una gozada.

¿Una buena comunicación es el mejor preventivo para evitar que las relaciones se enrarezcan? ¿Cómo se consigue? ¿Hay algún truco? La buena comunicación es fundamental, teniendo en cuenta que no significa solamente hablar. También implica escuchar y comprender lo que dice el otro, saber cómo exponer lo que nos molesta sin ofender y tener la capacidad de proponer alternativas que lleven a tomar decisiones que desbloqueen las situaciones desagradables. Cuando se cede para el bien de la relación, suele hacerse sin problema. Cuando se hace por sumisión o temor, tarde o temprano repercutirá negativamente en el bienestar de la pareja. Lo mejor es ir solucionando las cosas cuando todavía son pequeñas y se pueden abordar fácilmente. La clave de una buena comunicación está en cómo decimos las cosas: en vez de acusar, reprochar y exigir, es mejor hablar de lo que pensamos y sentimos y exponer qué es lo que se nos ha ocurrido para solucionar un problema. Utilizar el tú y el dedo acusador denotan deficiencias en la comunicación. Por ejemplo, si quiero decirle a mi pareja que apague la luz del baño, en vez de echarle en cara qué es lo que aprendió en su casa y si se le rompe la yema del dedo cuando le da al interruptor, es mejor decirle que te sientes mal al encontrarte la luz encendida, que crees que es mejor que estuviera apagada para evitar gastos innecesarios y preguntarle cuál sería la mejor manera para que eso no volviera a ocurrir.

¿Qué papel juega el sentido del humor? El sentido del humor es fundamental para relativizar situaciones problemáticas y no hacer un drama de ellas. Si sabemos ver la parte caricaturesca o reírnos de nosotros mismos, lo difícil resulta digerible. Y en los momentos plácidos, el sentido del humor es una de las armas de seducción más potentes y que más complicidad crean entre dos personas.

¿Es cierto que el amor no duele? Porque simplemente el hecho de tener que perdonar conlleva una buena dosis de sufrimiento, por poner un ejemplo. Nos duelen nuestras expectativas o nuestras decepciones, pero no el amor. Respecto al tema del perdón, merecería un epígrafe aparte. Resulta muy sencillo perdonar cuando quien ha ofendido repara el daño causado. Y, además, sería lo ideal. Pero si esto no ocurre, perdonar se convierte en un sufrimiento cuando, sin arrepentimiento auténtico y subsanación por parte de quien ofendió, se cede a sabiendas de que lo que nos dolió va a volver a ocurrir. En este caso, el amor se transforma en imprudencia de la que tan sólo el que perdona es responsable.

¿Dónde está la línea que separa el amor verdadero del obsesivo? En el efecto que produce. El amor verdadero facilita nuestra vida, nos hace crecer; lo obsesivo ya no es amor y provoca un malestar e incluso impedimento para llevar una vida normalizada, y suele derivar en dolor e incluso en patología. ¿Cuándo hay que poner punto y final a una relación, y cuándo se le debe dar otra oportunidad? Hay que poner punto y final a una relación cuando ésta, lejos de sacar lo mejor de nosotros y permitirnos llevar una vida satisfactoria dentro de un margen de normalidad, supone una experiencia de frustración, dolor o, incluso, traumática. Si tras uno o dos intentos nada cambia y nos damos cuenta de que estamos prolongando innecesariamente algo que ya no da más de sí, es mejor saber poner punto y final. Se debe dar otra oportunidad cuando cometemos errores, los admitimos y, lo más importante, nos ponemos manos a la obra para que no vuelvan a ocurrir. Probablemente querremos mucho más a una persona, no tanto porque meta la pata, sino por cómo la saca.

¿Cómo hay que gestionar los miedos y los celos? Siempre desde uno mismo. Nuestros miedos son indicativos de que hay contextos en los que no nos sentimos seguros probablemente por carencias en nuestro aprendizaje. Tenemos que ser capaces de identificar si se deben a una situación real o si se trata simplemente de ideas irracionales. Las conductas que parten de un pensamiento irracional suelen resultar absurdas y desajustadas con la realidad, pero no podemos echar la culpa al otro. Solamente cuando los miedos o los celos estén fundados en hechos objetivos habrá que sentarse a hablar con la pareja para ver la mejor manera de abordarlos o solucionarlos. En cualquier caso, es importante saber cuándo los celos son una cuestión de legitimidad territorial de nuestro cerebro, marcando su propia identidad, y cuándo se trata de un afán posesivo y controlador. Aunque los llamemos igual, los celos del primer caso están perfectamente justificados, mientras que en el segundo podrían llegar a considerarse dentro de lo patológico.

¿Y las interferencias de las familias políticas? Este es uno de los temas más interesantes de los que hablo en el libro. Las familias políticas deben pasar a un segundo plano. Sus hijos se han hecho adultos y la última palabra en sus hogares la tienen ellos junto con sus parejas. Las familias políticas han de estar, acompañar y apoyar, pero también han de respetar los nuevos límites que supone un nuevo hogar. Esto ha de suceder en ambas direcciones: los hijos también deben aprender a desvincularse de sus hogares de origen y poner sus objetivos vitales como proyectos prioritarios, al igual que hicieron sus padres cuando decidieron empezar un proyecto juntos. En el caso de la pareja, es importante que cada uno lidie con su propia familia. Primero han de ponerse de acuerdo entre ellos sobre la forma en la que prefieren funcionar y luego cada uno se encargará de transmitirlo a sus familiares correspondientes. En muchas ocasiones se esconde la cabeza bajo el suelo y se deja que sea la pareja quien se enfrente con las familias políticas. Esto, aparte de ser indicativo de una cierta inmadurez o cobardía, suele tener efectos flagrantes sobre la salud de la relación. Estar en pareja es una decisión de adultos y debemos comportarnos como tales.

¿Cómo valora los nuevos entornos afectivos que han surgido a raíz de las nuevas tecnologías (páginas web específicas para encontrar pareja, redes sociales…) ? ¿Son positivos, arriesgados…? Internet es la nueva plaza del pueblo. Y tiene ventajas incomparables con todas las formas de conocer gente que existían previamente: no hace falta arreglarse, salir de casa o robarle horas al sueño. Se puede estar en contacto con mucha gente y luego arreglar citas que sí merecerán nuestra atención. Puede resultar arriesgado si no tenemos en cuenta que en Internet está prácticamente todo el mundo y que, igual que hay ciertas personas con las que no cruzaríamos dos palabras si estuviéramos en un bar, en la Red se puede hacer lo mismo y, además, desde el anonimato. No es preciso contestar a todo el mundo ni enzarzarse en discusiones infructíferas. Hay tanta gente que lo mejor es centrarse en aquellos con los que se pasan buenos momentos. Internet se ha hecho para ganar tiempo, no para perderlo.

Teniendo en cuenta su experiencia profesional, ¿existe realmente la crisis amorosa de los 40 o es un mito? ¿Hay otras anteriores? Hoy en día, teniendo en cuenta que la adolescencia se ha retrasado casi hasta los 35 años, la crisis también se ha desplazado a la década de los 50. En realidad, no se trata de un mito, sino de un momento absolutamente lógico: hay que afrontar una nueva etapa, además con cambios físicos ineludibles como calvicies, menopausias, canas… La vida empuja y se es plenamente consciente de que toca recolocarse. Se hace además una revisión de lo vivido, de los objetivos alcanzados y de las probabilidades de poder lograr los que todavía no se han conseguido. Si hay que hacer cambios, éste es sin duda el momento. Y estos cambios, a veces, se llevan por delante la relación de pareja. Es importante tener en cuenta que, de seguir existiendo responsabilidades conjuntas, como hijos e hipotecas, nos guste o no hay que seguir afrontándolas, aunque pueda hacerse de otra manera. Según las estadísticas, los divorcios entre los mayores de 65 años se han disparado.

¿A qué es achacable? Sin duda a lo que se mencionaba anteriormente y también a que afortunadamente vivimos en un momento cultural en que ya no se exige permanecer con la misma persona hasta el final: los hijos están criados, las carreras profesionales están hechas y la situación económica está probablemente estabilizada. Es el momento de vivir con mayúsculas, con o sin la pareja, o con otra. Existiendo la posibilidad, ¿por qué negarse a ello? Eso sí, para las parejas de largo recorrido que quieren seguir juntas, esta etapa puede llegar a convertirse en una nueva luna de miel.

¿Cómo están cambiando los modelos afectivos actualmente? El amor como sentimiento no ha sufrido cambios. Lo que está variando es cómo decidimos vivir ese amor. Ya no es necesario hacerlo en una pareja al estilo tradicional, con un proyecto de familia e hijos. O no tiene que ser necesariamente así desde el principio. No tenemos referentes previos y es por eso que se están dando un poco palos de ciego. De ahí esa sensación de que el amor pueda resultar difícil. En realidad, en la medida en que nos vayamos conociendo mejor a nosotros mismos, que elijamos según nuestras necesidades, nuestros proyectos o nuestros momentos vitales, y que quien esté con nosotros resuene de la misma manera en cada etapa, el amor -en cualquiera de sus formatos- es sin duda la emoción que nos permite el desarrollo y, en definitiva, la felicidad. Porque, al final, lo que nos queda, es la calidad de las relaciones que hemos tenido a lo largo de nuestra vida. Bien se merecen que aprendamos a hacer de ellas bonitas obras de arte.

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