Norah Magazine con Mara Dierssen

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Mara Dierssen aparece en el ránking de Las Top 100 Mujeres más influyentes de España por su trayectoria profesional, sus valores y logros para la sociedad

“Las palabras que más me definen son científica, con todo lo que conlleva, y madre, con todo lo que supone”

“Como neurobióloga, sé que el cerebro necesita estímulos, alimento, necesita satisfacer la curiosidad, no limitarla, necesita aprender y divertirse aprendiendo. Nacemos con una avidez de explorar, de conocer, de crear, que por desgracia nuestra sociedad no favorece. De hecho, se dice, y es cierto en nuestro modelo educativo, que la educación mata la creatividad. Por desgracia, también mata la iniciativa y el pensamiento crítico. La parte buena es que nuestro cerebro tarda más de dos décadas en desarrollarse, así que hay un cierto margen”

Mara Dierssen nació en Santander, un 21 de agosto de 1961 (o sea, que tiene casi 21.000 días de edad que cumpliría el 18 de febrero de 2019). Tiene tres hermanos y dirige un grupo de investigación en el Centro de Regulación Genómica de Barcelona. Su padre era neurocirujano y su madre, artista (pintora), aún en activo. Además de sus progenitores, grandes científicas e investigadoras españolas, como Maruja Hurlé, África Mediavilla, Carmen del Arco o María Ángeles de Cos, influyeron y la ayudaron a creer en ella como científica y, también, como mujer.

Su padre era neurocirujano y usted ahora es neurobióloga, ¿le inculcó ese afán por la investigación? Es indudable que mi padre influyó de forma decisiva. Él era neurocirujano, pero además tenía una tremenda vocación investigadora. Siempre nos contaba anécdotas de su estancia en Alemania, donde además de aprender estereotaxia se familiarizó con las artes marciales, o en París, donde vivía a escasos metros de mi madre (aunque no llegaron a conocerse), que también estaba disfrutando de una beca artística justamente en esa época. O en Estados Unidos, donde vivió muchos años trabajando como profesor en la Universidad de Nueva York mientras trabajaba como neurocirujano en el Hospital Saint Barnabas. Siempre nos contaba anécdotas de sus investigaciones (¡y sus salidas a los bares de jazz!) y esa cercanía a la ciencia a pie de calle, desde luego, hacía que pareciese algo muy cercano. Mi padre nos transmitió los valores científicos como la curiosidad, el esfuerzo, el rigor o la creatividad. Los domingos en el desayuno discutíamos de cualquier cosa (política, sociedad, ciencia), y siempre nos hacía razonar, analizar el problema, pensar sobre lo que decíamos, nos preguntaba y escuchaba nuestras respuestas. En mi caso, esa educación en el pensamiento crítico fue un acicate, porque en aquella época la carrera científica era prácticamente inexistente en nuestro país.

¿Qué diferencias encuentra entre su generación y otra a la hora de enfocar la neurología? La neurología ha cambiado, ciertamente, sobre todo en su vertiente clínica. Hoy en día existe un conocimiento más amplio de la enfermedad neurológica y tiene mejores medios técnicos y herramientas terapéuticas para abordar el diagnóstico y el tratamiento, así lo demuestran las casuísticas que nos indican que la neurología actual es más exitosa que la de los años sesenta. En el primer número de Neurology (1951), Pierce Bailey, el primer director de los Institutos Nacionales de Trastornos Neurológicos y Ceguera, ya hizo hincapié no solo en la importancia de las actividades científicas para el éxito de la Neurología, sino también en la necesidad de liderazgo y colaboración con especialidades como la psiquiatría y la neurocirugía. Además, Bailey afirmó que los neurólogos deben asumir la responsabilidad del tratamiento integral de los pacientes.

En las décadas de 1960 y 1980, con la implantación del sistema de residencia en este campo, se apostaba por una neurología más generalista, donde los especialistas recibían una formación más amplia con una combinación rica en desafíos diagnósticos y de gestión del paciente. En aquella época, a menudo, se les criticaba por su incapacidad para prevenir o tratar muchos trastornos y, anecdóticamente, se referían a ellos como “diagnóstico y adiós”. La Década del Cerebro (1990-2000) llevó a un mayor énfasis en los avances en neuroimagen y al aumento de las opciones de prevención, intervención y modificación de la enfermedad neurológica. Con estos avances, se estableció un campo fértil para el desarrollo de la práctica de subespecialidades que ha metamorfoseado la neurología en múltiples subespecialidades. Si bien se puede comprender que los avances en la ciencia médica y la tecnología requieran tanta especialización, también puede conducir a la fragmentación de la atención médica.

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¿Cree en el destino o es de las que piensa que se construye a base de constancia y tesón? Si lo entendemos como la idea religiosa de una fuerza sobrenatural que determina de antemano todos los acontecimientos en la vida de los hombres, no comparto la idea. Al igual que, como neurobióloga, me cuesta concebir el determinismo biológico absoluto a la luz de los actuales conocimientos neurocientíficos. La constancia y el tesón indudablemente son clave para alcanzar nuestros objetivos, pero no es lo único que nos permitirá llegar donde nos proponemos. Hay que ser apasionado, riguroso y, también, luchador, porque el camino no es fácil. Pero, ciertamente, el esfuerzo merece la pena.

¿Qué palabras cree que la definen mejor como persona? Científica, con todo lo que conlleva, y madre, con todo lo que supone. Me importan los demás y me motiva trabajar para hacer que el mundo sea un poco mejor. Me gusta esforzarme, me gusta equivocarme, me gusta disfrutar de lo que hago y de los que me rodean. Admiro a las personas creativas y desearía derribar los muros humanos que separan y marginan a las personas.

¿Qué es la ciencia para usted? Una forma de pensar…, y de vivir.

¿Se puede aprender a amar la ciencia? ¿Cómo? ¡No hace falta aprender! ¡La ciencia enamora al que se acerca a ella! El problema es que la formación científica en nuestro país es aún muy deficitaria, y los propios profesores de enseñanza primaria o secundaria no se sienten cómodos con ella. Por eso, los científicos, a través de nuestros centros y de las sociedades científicas, trabajamos para mejorar esta situación con iniciativas como la Semana del Cerebro, talleres para profesores y muchas otras iniciativas. La familiaridad es necesaria para que los chavales se enamoren, y ¡le aseguro que así sucede!

Como madre de 4 hijos y experta neurobióloga, ¿cuáles cree que son los pilares fundamentales para el correcto desarrollo del cerebro de los más pequeños? Como neurobióloga, sé que el cerebro necesita estímulos, alimento, necesita satisfacer la curiosidad, no limitarla, necesita aprender y divertirse aprendiendo. Nacemos con una avidez de explorar, de conocer, de crear, que por desgracia nuestra sociedad no favorece. De hecho, se dice, y es cierto en nuestro modelo educativo, que la educación mata la creatividad. Por desgracia también mata la iniciativa y el pensamiento crítico. La parte buena es que nuestro cerebro tarda más de dos décadas en desarrollarse, así que hay cierto margen. En mi caso, la educación ha sido un proyecto compartido y cómplice entre mi marido y yo. Siempre hemos intentado dar a cada uno de nuestros hijos lo que sentíamos que necesitaba en cada momento, y animarles a que lograsen lo que quisieran. Obviamente, no es tarea fácil pero como madre sé algunas cosas, como que la educación es un proceso largo y que, por tanto, uno puede ir corrigiendo lo que no ha funcionado, pero para eso hay que saber escuchar a los hijos, respetar sus opiniones y mostrarles el camino y abrir sus ojos a lo que es importante. Aunque hay que dedicarles tiempo. Y no solamente eso que llaman “tiempo de calidad”, que fundamentalmente significa dedicarles poco tiempo pero haciendo cosas interesantes… En mi opinión, el tiempo que vale es el tiempo cotidiano, en el que hay momentos que te aburres, que te enfadas, que tienes que hacer la comida o que te diviertes. Mostrar una imagen idealizada de los padres que nunca se enfadan, nunca pierden los papeles o siempre están haciendo algo interesante no me parece buena idea.

Creó un grupo de pop rock junto a varios de sus hijos. ¿Cómo surgió la idea? Pues en realidad surgió precisamente porque, como neurobióloga, me preocupan los estereotipos que la sociedad impone a las personas que son diferentes, que se salen de eso que llamamos “normalidad”. Esos estereotipos son demoledores, porque clasifican a la persona y asumen sus competencias sin ni siquiera conocerla. Por ello, decidimos hacer un primer proyecto, “Mézclate”, en el que organizábamos conciertos de la banda a los que invitábamos a personas “diferentes”. En las primeras experiencias, fundamentalmente, con síndrome de Down, y con gente de todas las edades, amigos de mis hijos, gente de nuestra edad, etc. Y de todas las procedencias. Y resultaba genial, porque por supuesto los chicos y chicas con esta discapacidad eran los más animados y entusiastas y, al final, “arrastraban” a los menos marchosos. Eran conciertos súper divertidos. Más tarde, decidimos abordar un proyecto más ambicioso: componer canciones con letras escritas por personas con trisomía 21. La verdad es que fue una experiencia fantástica. Cuando terminamos, uno de los chavales que estaba en el grupo de músicos me dijo: “Es increíble, nunca hubiera pensado que las personas con síndrome de Down se parecían tanto a nosotros”. El disco se llama Realidades paralelas, porque tenemos la sensación de que eso es lo que sucede con las personas con discapacidad…, que parece que viajen en un tren “paralelo” a los demás que nunca se cruza.

Su nombre, From Lost to the River, ¿cómo surgió? El fromlostiano es una lengua artística de tono humorístico creada por Colin (pseudónimo de Federico López Socasau) y Güéster (pseudónimo de Ignacio Ochoa Santamaría) en el libro From Lost to the River, de cuyo título deriva su nombre. Procede básicamente de traducir literalmente del español al inglés expresiones españolas. Por ejemplo, “De perdidos al río” se refiere a hacer algo en una situación desesperada que en condiciones normales no intentarías, y se traduce como From lost to the river. Nos gustó porque implica que los que escuchan el fromlostiano tienen que saber los dos idiomas para entender la gracia. Lo mismo que ha de suceder para terminar con los estereotipos…

¿Cómo ve actualmente el sector de la investigación en nuestro país? Por desgracia, nuestro país siempre ha vivido “de espaldas” a la ciencia. Los sucesivos gobiernos, con honrosas excepciones, no han sabido comprender la importancia estratégica de la investigación científica en el desarrollo de un país. Sin embargo, el apoyo y la atención que se le ha prestado ha sido siempre casi anecdóticos, y ha impedido florecer la ciencia en nuestro país.

¿Cuál cree que es el estado de salud de las inversiones privadas y públicas en la investigación en España? ¿Y en el resto de Europa y EE.UU.? Con la llegada de la crisis, el Gobierno inició unos recortes presupuestarios que han diezmado la ciencia española, reduciendo su competitividad y su capacidad de retener y atraer talento. La inversión que se hace en I+D+i se aleja del objetivo planteado a nivel europeo, con lo que seguimos muy lejos del 2 % del PIB que deberíamos haber alcanzado hace ahora cinco años, y todavía más lejos del 3 % del PIB al que la Unión Europea aspira en 2020. El Gobierno de Mariano Rajoy, además, destinaba la mayor parte del presupuesto dedicado a la ciencia a préstamos y créditos, haciendo oídos sordos a las críticas y, lo que es peor, a las necesidades de los investigadores. Es evidente que ello ha mermado y debilitado la ciencia en nuestro país. Esperemos que el nuevo Gobierno, que ha recuperado un Ministerio para la Ciencia lanzando un mensaje esperanzador no incida en los mismos errores que el anterior y destierre de una vez la visión cortoplacista del sistema de ciencia.

“La pasión que ponemos en lo que hacemos determina nuestra capacidad de elegir nuestro futuro, independientemente de las circunstancias”

Ha concedido entrevistas hablando sobre el papel de la mujer en el entorno laboral, ¿le ha resultado más difícil llegar donde está por su sexo? Por supuesto. En mi época, lo habitual era que no te consideraran capaz de hacer ciencia (ni casi nada) simplemente por ser mujer. Las mujeres teníamos que demostrar que sí lo éramos, mientras que a los hombres “el valor se les supone”. Aunque la situación ha mejorado, nos queda mucho camino por recorrer para dejar de perder el talento femenino. Por desgracia, ser mujer sigue siendo un inconveniente. Aunque las “bases” sean femeninas, ellos tienen el poder de decisión y sigue sin haber mujeres (o hay muy pocas) en ocasiones de liderazgo. No hay más que ver a los rectores de universidad, los directores de centros de excelencia o los jurados de los premios científicos (o de cualquier otra cosa). Creo que en parte es porque aún arrastramos los estereotipos que nos impone la sociedad y eso es complicado de vencer, porque requiere trabajar desde la educación. Además, la situación familiar sigue siendo un lastre, porque en muchos centros no se apoya la maternidad, permitiendo, por ejemplo, el teletrabajo. En ciencia existe la arraigada creencia de que es la mujer científica quien ha de renunciar, por ejemplo, a tener familia. Yo tuve la suerte de ser una de las pocas científicas de mi época con referentes femeninos: profesoras como Maruja Hurlé, África Mediavilla, Carmen del Arco o María Ángeles de Cos me enseñaron que se puede ser mujer, tener familia y desarrollar una carrera científica, a pesar de que es un reto casi épico. Con ellas, descubrí que la pasión que ponemos en lo que hacemos determina nuestra capacidad de elegir nuestro futuro, independientemente de las circunstancias. Y que para que el futuro nos sea propicio hay que confiar en una misma y crearlo, haciendo que esas circunstancias formen parte de la solución en lugar de ser el problema. En definitiva, yo considero que es fundamental que exista diversidad en las ideas y las aproximaciones científicas para poder avanzar, y la plena incorporación de las mujeres y de otros colectivos que ahora no están representados (desde personas de diferentes orígenes raciales hasta personas con diferentes capacidades) en la ciencia, va a permitir dar un salto conceptual y cualitativo que no es evidente cuando el colectivo científico es homogéneo. Diversidad con mayúsculas debería ser un objetivo fundamental de la comunidad científica.

Una de sus frases favoritas de Ramón y Cajal habla de “sacudir las neuronas”. ¿Vivimos en una sociedad dormida? ¿Qué diría a los más jóvenes y no tan jóvenes para convencerles de lo importante que es mantener el cerebro activo? Cajal era un adelantado a su tiempo. Con muy pocos medios técnicos fue capaz de vislumbrar propiedades cerebrales que ahora sabemos que son cruciales. Como la plasticidad a la que se refiere con la metáfora “sacudir el bosque de neuronas adormecidas”. El cerebro es fruto de la evolución genética, de múltiples formas de adaptación al medio a lo largo de millones de años, que lo ha convertido en un órgano cada vez más complejo que permite acumular experiencia y programar la conducta. Precisamente en relación con esta adaptabilidad se encuentra otra de las propiedades más reseñables del cerebro: su plasticidad. La plasticidad sináptica se define como la capacidad para modular o cambiar la fuerza de las conexiones entre neuronas y, en consecuencia, las propiedades y funciones de los circuitos neuronales en respuesta a estímulos externos y a la experiencia previa. Nuestra mente deriva de la actividad cerebral y el cerebro se construye a partir de “planos genéticos”, pero cada vez está más claro que el balance entre información intrínseca (genética) y extrínseca (proveniente de estímulos del exterior) juega un papel crucial en el correcto desarrollo de nuestro cerebro. Junto a sus determinantes genéticos, su medio externo ha sido siempre fundamental para conformarlo y dirigir el proceso de su evolución.

Explica que las personas ven el mundo de manera diferente y que nuestro cerebro determina la forma de verlo, ¿sería la explicación a por qué dos niños con la misma educación, padres y entorno terminan siendo adultos completamente diferentes? Exactamente. Nuestro cerebro se construye a partir de la experiencia y de la interacción de esta con nuestra dotación genética. De entrada, ya no existen dos personas (ni siquiera dos gemelos) que compartan al cien por cien su “genómica”, pero, además, la experiencia de unos y otros, por mucho que tengan una educación igual (que nunca lo es tampoco al cien por cien) o sus padres (crean que) les traten igual, es diferente también. Esa diversidad es la que nos enriquece como seres humanos.

Uno de sus mayores éxitos de los últimos años es el ensayo clínico sobre un polifenol del té verde que puede ayudar en la vida diaria de las personas con síndrome de Down, ¿nos podría explicar en qué consiste? Gracias a una investigación de muchos años con varios modelos de laboratorio descubrimos Dyrk1A, una proteína cuya acumulación provoca alteraciones cerebrales en la mosca del vinagre. En ratones, la terapia génica demostró que era posible normalizar la dosis de esta proteína en el cerebro de los ratones modelo de síndrome de Down. Posteriormente, encontramos en el té verde un inhibidor natural de Dyrk1A, la epigalocatequina galato, un polifenol que además posee otras propiedades beneficiosas, como su poder antioxidante. La idea fundamental es que el exceso de Dyrk1A en el cerebro de las personas con esta discapacidad impide la plasticidad necesaria para los procesos de aprendizaje, y lo que observamos en los estudios previos con ratones es que la epigalocatequina normaliza la plasticidad y mejora los procesos cognitivos. Eso nos animó a realizar ensayos clínicos con resultados muy positivos.

El Alzheimer es una alteración genética que se va desarrollando a medida que pasan los años, ¿se podrá llegar a evitar o disminuir sus consecuencias? ¿Cómo? Sabemos que los daños que el Alzheimer causa en el cerebro pueden haberse iniciado, sin ser sintomáticos, hasta 20 años antes de la manifestación de los primeros síntomas. Necesitamos anticiparnos, estudiar qué ocurre en el cerebro años antes de que se desarrolle. Es por ello que en este momento se apuesta principalmente por investigar biomarcadores de detección precoz. Mi grupo coordina un proyecto europeo, HEROES, precisamente dirigido a la investigación sobre biomarcadores tempranos de Alzheimer. Nuestro objetivo es poder detectar la enfermedad cuando el proceso neurodegenerativo aún no está demasiado avanzado para actuar antes de que sea demasiado tarde y los daños ya sean irreversibles.

Hasta donde se sabe, los tratamientos actuales contra el Alzheimer no influyen en el curso de la enfermedad, sino que ayudan a controlar sus síntomas por un tiempo determinado. El problema de la enfermedad de Alzheimer es que se diagnostica cuando los procesos degenerativos están muy avanzados, y en la actualidad no tiene cura. Pero sí existen tratamientos farmacológicos y no farmacológicos que ayudan a mantener las capacidades físicas y mentales del enfermo en mejor estado y, en cierta medida, a retrasar la progresión. De nuevo, favorecer la plasticidad y mantener una buena actividad mental es importante, ya que genera lo que se ha dado en llamar “reserva cognitiva”. Una reserva cognitiva elevada actuaría como factor protector contra la expresión clínica de la demencia, aunque no detiene el proceso neurodegenerativo.

¿Y se conseguirá también para otras alteraciones más visibles como el síndrome de Down? A pesar de la relación íntima entre síndrome de Down y enfermedad de Alzheimer (prácticamente todas las personas con síndrome de Down mayores de 40 años presentan procesos neurodegenerativos propios del Alzheimer y muchos desarrollan una demencia), se trata de un cuadro mucho más complejo. Aún así, en este momento y gracias a que existen iniciativas, sobre todo en EE.UU., para financiar y promover la investigación en este terreno, estamos en un momento en el que tenemos abiertas un buen número de posibilidades terapéuticas. El año que viene organizamos en Barcelona el Congreso Internacional de Síndrome de Down (Trisomy 21 Research Society International Meeting) y se presentarán los avances científicos y el descubrimiento de nuevas posibilidades terapéuticas para esta discapacidad.

El estrés puede llegar a modificar también los genes y las células, ¿qué explicación y qué recomendaciones para el día a día daría a la población? Cuando una persona se siente estresada, la expresión génica en algunas áreas de su cerebro puede modificarse y aparecer aumentada o disminuida. Ello sucede por modificaciones químicas del ADN, de las proteínas reguladoras del mismo o de las proteínas que empaquetan y ordenan el ADN (histonas). Numerosos cambios inducidos por el estrés son adaptativos; es decir, nos ayudan a mejorar nuestra manera de afrontar las situaciones. En una primera fase, se inicia una respuesta al estrés, conocida como el Síndrome de Adaptación General, descrito en 1950 en el British Medical Journal. Una situación de estrés nos hace estar más alerta y activa el funcionamiento cerebral. Sin embargo, si se prolonga o es demasiado intenso es cuando tiene efectos que resultan perjudiciales en muchos órganos y sistemas. El estrés crónico es uno de los factores medioambientales asociado a la aparición de diversas patologías: trastorno cardiovascular, hipertensión, depresión del sistema inmune. También afecta al funcionamiento neuronal y, cuando es excesivo o no se maneja adecuadamente, puede tener consecuencias graves como el aumento del riesgo de cometer suicidio o de padecer trastornos afectivos. La respuesta al estrés es diferente en cada persona, no todo el mundo reacciona de igual manera, por eso, la cuestión es también saber qué es para nosotros. En definitiva, hay que aprender a afrontar las situaciones de forma constructiva. Seguramente, en nuestra sociedad hacemos demasiado hincapié en el éxito y eso conlleva mucha presión y una falta de tolerancia al fracaso. Yo siempre les digo a mis alumnos que un fracaso es un reto, ¡y es mucho más interesante que un éxito!

¿Una vida saludable influye realmente en nuestra salud y los problemas genéticos, degenerativos o de nacimiento que podamos tener o desarrollar? Tendríamos que definir a qué llamamos “una vida saludable”. Si nos referimos a la alimentación y el ejercicio, desde luego, tiene mucho sentido biológico que sean beneficiosas. Sin embargo, hay muchas más cosas que influyen en nuestra salud: nuestra vida social, nuestra vida emocional, nuestro desarrollo como personas… Es muy complicado conseguir efectos beneficiosos con la dieta si la persona tiene un trastorno emocional o si su vida social no es plena. En medicina moderna se tiende a aproximar al ser humano de forma reduccionista y, en mi opinión, debemos retomar una visión más humanista en la que se considere al ser humano holísticamente. Por eso, cada vez más las intervenciones han de ser multimodales, combinando diferentes aproximaciones. En cuanto a la pregunta de en qué medida una vida saludable puede mejorar un problema genético, por supuesto, hay algunos casos en que podría (la celiaquía u otros defectos específicos como la enfermedad de Wilson, en que hay defectos enzimáticos que se pueden soslayar con intervenciones específicas y una alimentación adecuada), pero en la mayor parte de los casos no podemos esperar un efecto “curativo”. Sí que está sustentado por diferentes estudios que un nivel adecuado de actividad intelectual puede retrasar o mitigar las consecuencias sobre la cognición de un proceso neurodegenerativo, o que una cierta cantidad de ejercicio físico mejora la plasticidad. Pero de ahí a poder afirmar que ese efecto sea universal o que puedan aportarse en este momento “recetas” concretas queda aún mucho camino por recorrer.

¿Cómo podemos favorecer la plasticidad del cerebro? El desarrollo del cerebro y su funcionamiento no son concebibles sin la aportación permanente de su entorno, sea éste el propio organismo o el medio ecológico o social en el que se desenvuelve. Eso es lo que define la plasticidad. Gracias a la plasticidad, las conexiones cambian influidas por el ambiente, nuestro cerebro cambia, porque cada hecho que vivimos lo modifica. Por lo tanto, se trata de algo tan sencillo como utilizar el cerebro, implicarse en los problemas y buscar soluciones, y no olvidar que somos seres sociales y como tales, nuestro mejor estímulo son los demás. Encontrar el placer de compartir y de solidarizarse. Algo que suena trasnochado en esta época pero que todos llevamos con nosotros. Necesitamos que nuestros jóvenes se impliquen en la sociedad, sean parte de ella y, desde luego, utilicen sus cerebros para encontrar soluciones a los problemas sociales y de evidente complejidad. Esa es, en mi opinión, la mejor forma de activar el cerebro: trabajar por un mundo más justo y mejor para todos. Por desgracia vivimos en una “sociedad del bienestar egoísta”, donde lo más importante soy yo, mi trabajo, mi casa, mis problemas. Nos hemos narcotizado con el mantra del éxito personal. Todo da igual mientras no me afecte a mí… La plasticidad requiere, pues, despertar de nuestro letargo y cambiar las cosas.

 

En una de sus charlas TED plantea la siguiente cuestión: si muchos tenemos las mismas ideas, qué nos hace diferentes. ¿Ha obtenido la respuesta a esa pregunta? No es exactamente esa la pregunta, sino más bien dónde reside ese hardware “humano” que hace que tengamos las mismas ideas… Desde luego, yo no he encontrado la respuesta pero en este momento hay diferentes tendencias. Hay quien sostiene que cada persona puede generar propiedades emergentes distintas, pero con muchas similitudes entre ellas y las reglas pueden ser generales. Estas reglas serán fundamentales para entender cómo funciona la mente humana y, también, cómo se altera para dar lugar a las enfermedades.

“La mente es una propiedad emergente”, ¿a qué se refiere? Cuando hablamos de propiedades emergentes nos referimos a propiedades que son el producto del conjunto de las relaciones entre las partes. Es algo parecido a la frase “el todo es más que la suma de las partes”, es decir, aparecen nuevas propiedades que van más allá de las de los elementos individuales que conforman el sistema. El ejemplo clásico son las conductas emergentes en sistemas como las colonias de hormigas que actúan localmente, pero su acción colectiva produce comportamiento global. Ninguno de esos individuos por sí solo puede generar una conducta colectiva. En términos neurobiológicos nos viene a decir que no podemos comprender la mente entendiendo simplemente el funcionamiento individual de las neuronas, sino que hemos de tratar además de comprender las leyes que rigen su funcionamiento colectivo.

Después de todo… ¿Considera que somos más cerebro que corazón? De hecho, esa diferenciación es una falacia. Cuando hablamos de tener “corazón” nos referimos a las emociones, porque la somatización de las mismas, sobre todo, si son intensas, tiene como componente importante el cambio en el latido cardiaco. Lo curioso es que ahora sabemos que, de hecho, el corazón tiene “cerebro”. Es decir, contiene un sistema nervioso independiente con más de 40.000 neuronas y un complejo sistema de neurotransmisores, proteínas y elementos celulares. Gracias a esas redes neuronales, se ha propuesto que el corazón puede tomar decisiones y pasar a la acción independientemente del cerebro; y que puede aprender, recordar, e incluso, percibir. El corazón envía más información al cerebro de la que recibe de este, y puede inhibir o activar determinadas partes del cerebro según las circunstancias. De hecho, es el único órgano con esa propiedad.

¿A quién le recomienda su libro El cerebro artístico? A cualquiera con una mente curiosa y deseos de aprender…

En una entrevista, decía que la sociedad española estaba instalada en algo que en neurociencia llaman “indefensión aprendida”: si a un ratón le enseñas que no puede escaparse de algo que le hace daño, el ratón aprende a asumirlo y lo que hace es desarrollar una depresión. ¿Sigue pensando lo mismo? Por supuesto, la indefensión aprendida es un fenómeno muy bien caracterizado. Se refiere a la condición por la que una persona o animal deja de responder ante situaciones adversas o dolorosas cuando las acciones para evitarlo no han sido fructíferas. Ello genera una aceptación y una pasividad ante este tipo de situaciones. En las personas es un lastre para el desarrollo personal y la autoestima. Sin embargo, de nuevo hay muchas diferencias individuales. No hay una situación específica que genere la indefensión, de manera que muchas personas pueden vivir la misma situación desfavorable y, sin embargo, reaccionar diferente ante ella en función de cómo la interprete y perciba el individuo. Por desgracia, las situaciones de violencia familiar o violencia de pareja son ejemplos comunes en los que aparece indefensión aprendida por parte de la víctima. Pero también se genera en la escuela, en el trabajo, en los grupos de amigos…, no necesariamente relacionados con violencia física, sino que esta puede ser de tipo psicológico, económico, moral, etc. Muchas de estas podrían tratarse con más firmeza desde una educación en valores y desde la identificación de la patología del agresor (el abusón del cole, el que hace mobbing en el trabajo, etc.).

Usted sostiene que la inspiración creativa está asociada a un estado del cerebro. Si entendemos la creatividad como un producto de nuestro cerebro, ciertamente, la ”inspiración creativa” ha de estar asociada a algún proceso concreto, muy posiblemente relacionado con esas propiedades emergentes de las que hemos hablado. Obviamente, esas propiedades funcionales parten de redes neuroanatómicas de neuronas conectadas entre sí. La creatividad podría residir en cambios sutiles en los patrones de conectividad pero también los propios actos creativos podrían dar lugar a una remodelación de esos patrones, en un proceso en cierta medida autoalimentado. En definitiva, las evidencias que tenemos sugieren que el estado de inspiración creativa se asocia a patrones específicos de actividad bioeléctrica en la corteza cerebral.

A día de hoy…, ¿seguimos conociendo únicamente ese 10 % de nuestro cerebro? En realidad, esa frase podría considerarse como una de esas “leyendas urbanas”, esos mantras que se han ido divulgando de forma repetida y que de hecho no son ciertas. No podemos saber si solamente conocemos un 10 % porque no podemos estimar cuánto nos falta por conocer. Por lo tanto, hablar de porcentajes aquí no tiene mucho sentido. Tenemos muchos datos, eso sí, y poco esfuerzo se ha hecho para realmente tratar de reconstruir el puzle del que todas esas piezas forman parte. Con el desarrollo de nuevas tecnologías y el cambio en nuestros modelos de investigación, la neurociencia está cada vez más integrada en las aproximaciones de big data. Eso es interesante, pero nuestra capacidad de interpretación de todos esos datos es aún limitada.

Qué proyectos tiene actualmente en mente. Sigo interesada en cómo nuestro cerebro procesa, almacena y utiliza la información, y en cómo utilizar ese conocimiento para comprender los mecanismos patogenéticos implicados en las enfermedades mentales, más concretamente en la discapacidad. Estamos convencidos de que eso nos permitirá proponer nuevas intervenciones terapéuticas. En este momento, estamos iniciando una nueva línea de investigación que introduce conceptos novedosos que aún debemos probar en el laboratorio.


 

PREGUNTAS CORTAS Un libro: Incógnito, de David Eagleman, e Historias del viejo Cudón, escrito por mi padre, el neurocirujano Guillermo Dierssen. Una película: Las que me emocionan, las que me enseñan algo. El gran dictador, Intocable, Amélie, El club de los poetas muertos, Forrest Gump, Tomates verdes fritos, Mejor… imposible, Alguien voló sobre el nido del cuco, K-PAX… ¡Me encanta el cine! ¡Es una poderosa herramienta! Un lugar: Un lugar a golpe de metro: la “realidad paralela” del mundo de la discapacidad. Un momento: El del nacimiento de mis hijos. Un olor: El mar. Un sueño: Cambiar el mundo para que sea mejor para todos. Una virtud: El entusiasmo. Un defecto: El entusiasmo. Una palabra presente en su vida: ¿Por qué? Un consejo: Vivir con pasión. ¿Qué pequeña gran cosa le hace feliz? Hacer felices a los demás. Un modelo (mujer u hombre) de actitud: Mi madre. ¿A qué dedica su tiempo libre? A estar con mi familia. ¿Le tiene miedo a algo? A la injusticia. ¿Verdad dolorosa o mentira piadosa? Ninguna de las dos y ambas. Un blog o una web de cabecera (no vale la suya): Democresía y #WHYDEMOCRACY. De neurociencia: Neuroskeptic y The neurocritic. Lo último que haya estrenado: Una pluma

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