Norah Magazine con Almudena de Arteaga

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“Hago ejercicio antes de sentarme a escribir”

P. ¿Qué le ha dado la literatura? R. La posibilidad de vivir de una vocación desde que hace 18 años colgué la toga de abogado para disfrutar con el éxito de mi primera novela La princesa de Eboli. Sabía que era una apuesta arriesgada, pero no me importó. Escribir es mi pasión y, después de 18 obras publicadas, sigo en ello.

P. ¿Qué es más difícil, escribir la primera novela o las siguientes? R. Todas han de tener su importancia. La primera quizá te hace sentir muchas más inseguridades que las posteriores porque el ejercicio de esta profesión te va puliendo. Claro que nunca hay que relajarse ni confiarse demasiado. Procuro que la última supere a las anteriores. Son los lectores los que han de pronunciarse sobre ello cuando nace y sale a la calle.

P. Que una novela sea un éxito de ventas pone el listón muy alto a un escritor. ¿Ha notado esa presión alguna vez? R. Mientras escribo prefiero no pensar en ello. Hay tantos elementos exógenos al arte de escribir en sí a la hora de vender, que un escritor no debe dejarse influenciar por la posibilidad de que la siguiente no supere en expectativas de venta a la anterior. Hacerlo sería como poner cortapisas a la creatividad.

P. ¿Qué rutinas se impone a la hora de escribir? R. A diario hago ejercicio antes de sentarme a escribir. Ya se sabe: “Mente sana en cuerpo sano”. Mientras muevo el cuerpo pienso en dónde me quedé el día anterior para seguir imaginando el siguiente capítulo y así cuando me siento ya tengo trabajo adelantado. El resto de las ideas surgen unos días con más intensidad que otros.

P. ¿Cómo se enfrenta al papel en blanco? R. Con ilusión y procurando arrinconar temores. Es la única manera de volcar pasiones sobre un papel.

P. ¿Cómo diría que es su forma de escribir? R. Evoluciona constantemente y creo que así debe de ser para seguir mejorando. Al dedicarme principalmente a la novela histórica, primero la documento, me empapo de la época, hago de los personajes casi mis parientes más cercanos y, una vez asimilado todo, me siento a escribir.

P. ¿A quién le da a leer en primer lugar una novela ya terminada? R. Mi marido e hijas escuchan partes de ella según se va fraguando hasta que se la entrego a la editorial una vez pulida.

P. ¿Qué sentimientos la invaden durante la espera del dictamen? R. Soy práctica. Prefiero no pensar demasiado en ello dado que ya nada más se puede hacer. Es un sentimiento parecido al que puede tener un alumno a la espera de sus calificaciones.

P. ¿Cómo encaja las críticas, las buenas y las malas? R. Estoicamente. Las buenas, como es lógico, me hacen ilusión. De las malas procuro aprender, siempre y cuando sean constructivas.

P. ¿Cómo ve la industria editorial en este momento? ¿Y en el futuro próximo? R. Me da una pena infinita que de un libro se haga en ocasiones un simple elemento de consumo. Algo meramente temporal que desaparece de las estanterías de las librerías apenas nacido. Algo tan efímero como un espécimen de mariposa que apenas vuela unos días porque otras veinte novedades vienen pisándote los pies. Pero supongo que eso es parte del juego y poco más se puede hacer. Por otro lado, me duele la forma en que nos piratean y la impunidad frente a este delito que pocos lo consideran como tal. Desgraciadamente habrá que concienciar a la población de una manera similar a como lo hacen en Alemania. Cuando allí alguien se descarga un contenido ilegalmente, las dos primeras veces se le advierte y a la tercera simplemente se le impone una multa que puede ascender hasta los 3.000 euros, embargándolo directamente de la cuenta de quien delinca.

P. ¿Libro electrónico o libro tradicional? R. Para mí son dos formas de lectura perfectamente compatibles entre sí. Yo leo en pantalla cuando viajo y siempre en papel en casa.

P. Ya sé que hacerle elegir entre sus libros es difícil. Pero, ¿qué novela ha sido la más satisfactoria de escribir? R. La Princesa de Eboli porque fue la hija de tinta y papel que me permitió trabajar en lo que me gustaba y, hoy por hoy, La estela de un recuerdo porque al ser la última aún necesita que la ayude a seguir caminando. Es como cuidar al pequeño de la familia sin olvidar que el mayor fue el que abrió brecha.

P. ¿Por qué las mujeres suelen llevar la voz cantante en sus libros? R. Para mí, vestirme con sus pieles es más sencillo y además porque una cosa que tengo clara al estudiar historia es que siempre quedará alguna que rescatar del olvido para colocarla en su justo lugar. ¡No sabe la cantidad de grandes hombres en nuestra historia que se criaron, educaron y llegaron a donde llegaron gracias a las mujeres de su entorno!

P. Le fascina la novela histórica. ¿Qué tiene que no tengan otros géneros? R. La esencia de nuestros ancestros, la posibilidad de aprender de nuestros errores y virtudes sin apenas darnos cuenta, y el deseo de que estos nos enseñen a no tropezar en la misma piedra de nuevo.

P. ¿Malogramos muchas veces nuestra vida sin darnos cuenta? R. No sé si la malogramos, lo que sí sé es que muchas veces no la llevamos a su plenitud. La bellota sí se convierte en encina, pero no en la maravillosa encina que estaba llamada a ser.

P. La II República, la Guerra Civil española, la dictadura franquista… ¿No se cae siempre en la parcialidad al tratar algunos periodos históricos? R. Existieron dos bandos y esto es ineludible, así que si se quieren hacer a los personajes tangibles habrá que transmitir sus ideas. Pero yo en esta novela intento hacer algo nuevo. Se ha escrito mucho sobre republicanos, sobre nacionales, sobre los encuentros y desencuentros entre ellos, pero apenas hay algo escrito en novela que explique cómo los monárquicos vivieron la huida del rey de España el 14 de abril del 34, convirtiéndose repentinamente en la diana en la que muchos quisieron clavar su dardo. ¿Qué hicieron, cómo lo afrontaron, buscaron el exilio, albergaban la esperanza del regreso algún día del rey? Ese tipo de cosas son las que se desvelan en mi última novela gracias a la correspondencia que guardo de toda esa familia.

P. Hablemos de esa última novela, La estela de un recuerdo. En ella narra vivencias de su propia familia. ¿No ha sentido como si se estuviera desnudando ante el gran público? R. Quizá, pero lo he hecho con el máximo respeto a mis mayores.

P. ¿Qué elementos de ficción ha entremezclado? R. Pocos, ya que las dos cajas de cartas que tengo en los archivos dejaban muy claras sus vivencias y sentimientos. Pero siempre hay secretos que jamás dejaron huella escrita y hay que imaginarlos. Quizá, por poner un ejemplo, el paso de María por Cádiz para tramar la huida de sus hermanos de su presidio en Villa Cisneros después de ser detenidos en la Sanjurjada. Todo se entremezcla. El nombre de la langostera que viajó allí es real, lo encontré en la hemeroteca del ABC, su huida y el nombre de los compañeros también; la ficción en este caso es precisamente lo que crea la intriga en la novela.

P.¿Qué es lo que le llevó a poner el foco en los monárquicos en plena república? R. Quizá el hecho de que nunca consiguieran que el rey regresara a pesar de haber luchado con el bando que parecía querer traerlo de nuevo. Además, tengo dos cartas del pequeño de los hermanos. Dos cartas que escribió a principio de la guerra -y cuatro horas antes de morir con tan solo veinte años- a las dos mujeres que más amaba y que ponen los pelos de punta. Esas fueron precisamente las que me impulsaron a escribir esta historia.

P. ¿De qué otra etapa histórica le gustaría escribir? R. De cualquiera que tenga la fortaleza, intriga, amor y pasión precisa para presentar al lector a alguien desconocido en otra época. Solo hay que buscarlo y saber narrarlo.

www.almudenaarteaga.com

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by Félix Toránvinos