Norah Magazine con Luis Galindo, coach y experto en motivación personal

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Coach y experto en motivación personal, su mayor empeño consiste en “reilusionarnos” a todos

P. ¿En qué medida somos responsables de nuestra felicidad?
R.
Lo somos al 100%. No es importante únicamente lo que pasa, sino qué actitud elegimos ante lo que pasa. Por ejemplo, existen dos formas de afrontar una enfermedad, de manera más positiva y menos positiva. Igual sucede con la pérdida de seres queridos, las discapacidades o los problemas económicos. Todos conocemos personas en circunstancias complicadas y que nos dan un ejemplo de ilusión y de ganas de vivir. A veces, no podemos cambiar la situación a la que nos enfrentamos, pero sí nuestra visión y nuestra actitud ante eso que sucede. Precisamente nuestra actitud ante la vida marca la diferencia. Reilusionarse puede ser muy difícil cuando estamos influenciados por el entorno. Sin embargo, una persona que esté ilusionada y feliz, y lo transmita a los demás es, insisto, la que marca la diferencia. Podemos ser un magnífico referente y ejemplo para los demás; las emociones se contagian y todos tenemos nuestro porcentaje de responsabilidad.

P. ¿Qué cosas nos impiden alcanzar la felicidad?
R.
No ser conscientes de lo privilegiados que somos, de vivir en el primer mundo, por ejemplo, en un país que, a pesar de las dificultades, tiene miles de cosas estupendas, de tener una familia, quien la tenga. De todas esas pequeñas cosas de las que disfrutamos en nuestro día a día y que, sin embargo, no reparamos en el valor que tienen. ¡Tenemos tantas cosas por las que alegrarnos y por las que comenzar un nuevo día dando las gracias!

P. ¿Por qué, a veces, nos exigimos ser perfectos en todos los ámbitos de la vida provocando una infelicidad constante? R. La perfección no existe, pero sí la excelencia. Hay que ser excelente, poner el corazón, la mente y el alma en todo lo que hacemos y nunca debemos conformarnos con salir del paso. Hay que dejarse la piel cada día. De esta forma podremos disfrutar de la íntima satisfacción de haber dado la mejor versión de nosotros mismos.

P. ¿Qué tipo de personas son las más felices?
R.
Según todas las investigaciones y estudios sobre felicidad, las personas más felices son las más generosas y agradecidas. En mi libro Reilusionarse cito a los voluntarios y a los donantes como dos colectivos que aseguran que ellos reciben más que lo que dan. Cuando practicas la generosidad se multiplica tu sensación de felicidad. Creo que a todos nos ha pasado en alguna ocasión.

“Nuestra actitud ante la vida marca la diferencia”

P. El optimista absoluto ve todo bien. El pesimista, todo mal. ¿Dónde ponemos el punto medio? R. El punto medio estaría en el optimismo inteligente. Un optimista inteligente es una persona con capacidad de observar la realidad con objetividad, sin perder un minuto en quejarse de lo que no va bien, buscando qué puede hacer por mejorar y no dando por supuesto ni obviando lo bueno, sino agradeciéndolo y valorándolo. Ante todo, es una persona con los pies en la tierra, proactiva y que sabe disfrutar de lo que sí funciona en su vida. El optimista inteligente pone mucha pasión en mejorar su jardín porque sabe que así mejora el entorno de todos los que le rodean. En definitiva, disfruta de lo que tiene, no se queja de lo que le falta o no está como a él le gustaría y, a la vez, -y esto es muy importante- trabaja para mejorar todas aquellas cosas que, según su criterio, no van bien.

P. ¿No es el optimismo un arma de doble filo?
R.
No se trata de verlo todo de color de rosa, sino de saber disfrutar lo que funciona poniendo mucha pasión en mejorar lo mejorable. La pasión por lo que hacemos es fundamental tanto para un deportista como para un estudiante. Ahí está el ejemplo de Rafa Nadal.

P. ¿Vivimos demasiado en “modo automático”, esto es, sin pararnos a disfrutar de cada momento?
R.
Me gusta decir que hay que activar el modo disfrute, que es el que nos permite valorar las cosas cotidianas y alegrarse de lo que tenemos a mano. A veces, basta con contemplar una puesta de sol para darse cuenta de lo privilegiados que somos porque podemos disfrutar del sitio donde vivimos, de un paseo por la calle, de los amigos, de la familia, de un café… El modo automático nos impide disfrutar de muchas cosas. En mi opinión tenemos que aprender a saborear la vida.

P. ¿Nos podemos vacunar contra el conformismo y la resignación? ¿Cómo?
R.
Siempre digo que ante una situación complicada tenemos dos opciones: resignarse o reilusionarse. Como decía Balzac, “la resignación es el suicidio cotidiano”, esto es, morirse un poquito todos los días. Yo creo que ninguna persona sana quiere elegir morirse un poco cada día. Ante este dilema, todos elegiríamos la segunda opción, ¿no? Así que ¡justo ahí está la vacuna contra el conformismo y la resignación, en emplearse con doble esfuerzo y pasión ante las dificultades! Me gusta decir que para mí es importante vivir de lunes a lunes, sin esperar a que llegue el fin de semana. Hay que disfrutar los siete días de la semana.

P. ¿Cuál es la clave para pasar de existencias “grises” a “todo color”?
R.
Ver la vida como un regalo, darse cuenta de los milagros que ocurren cada día a nuestro alrededor. Decía Helen Keller, la famosa escritora que quedó ciega y sorda de niña, que lo mejor y lo más bonito de esta vida no puede verse ni tocarse, debe sentirse con el corazón. Por eso, debemos estar alerta y poner todos nuestros sentidos para disfrutar con el corazón de todo lo bueno que nos pasa. Entonces veremos la vida con colores brillantes.

P. ¿Explotar al máximo el tiempo de ocio puede compensar unas ocupaciones laborales no satisfactorias?
R.
Lo ideal es vivir todos los días, de lunes a lunes. Encontrar en todos los aspectos de nuestra vida aquellas cosas que nos gustan y disfrutarlas. Tenemos que cambiar la perspectiva y buscar lo mejor en cualquier ámbito de la vida, sea laboral, personal o de ocio. Solemos decir: ¡No seas tacaño con tu vida! Y es verdad. A veces, nos centramos en cosas que no nos ayudan a llevar una vida más plena, no nos esforzamos en ser quien podríamos llegar a ser, pensando que alguna persona, empresa o situación no se lo merece. En realidad, lo que estamos haciendo es empobreciéndonos a nosotros mismos. Nosotros somos los mayores perjudicados. Lo que hagamos, que sea por nosotros mismos, por ser nuestra mejor versión. Si eso tiene una repercusión externa, pues mejor para ellos. Mi objetivo principal era dar lo mejor de mí por satisfacción propia, por irme a la cama contento con mi actitud ese día sin haber racaneado nada.

P. ¿Qué pasa cuando nos dejamos la piel en algo y, al final, no resulta?
R.
Soy de la opinión de que la vida se comporta como un eco. Todo lo que das, te lo devuelve. A lo mejor no la persona que tú esperabas ni tampoco en el tiempo que tu suponías, pero soy un firme creyente de que el tiempo te devuelve con creces lo que tú emites. El esfuerzo siempre tiene recompensa por algún lado. Quizás, no alcancemos lo que buscábamos, pero seguro que habremos conseguido algo por el camino.

“El amor es el motor de nuestras acciones más fructíferas”

P. ¿Perdemos demasiado tiempo en lamentarnos de las cosas malas que nos suceden?
R.
No lo sé. Cada cual sabrá, pero yo lo que tengo claro es que quien no pierde el tiempo en lamentarse y se pone a sembrar gana tiempo de vida. Las quejas no suelen solucionar las cosas, por eso, prefiero dejar de quejarme y ponerme a solucionar todo aquello que pueda.

P. ¿Hasta dónde pueden llegar la ambición y los sueños de uno?
R.
Hasta donde cada uno se lo trabaje para conseguirlo, siempre teniendo los pies en la tierra. A veces, los sueños se cumplen y otras veces no. Pero lo más importante es arriesgarse para intentar hacerlos realidad. Lo logres o no, tú hiciste algo para conseguirlo. Para mí, eso es lo que de verdad merece la pena. Para alcanzar los sueños se necesita pasión por la vida, ilusión por el futuro y mucho coraje en el presente. Esto solo no te garantiza el objetivo, pero sí te acerca a él, te pone en el camino.

P. ¿Cómo podemos contagiar a los que nos rodean de nuestra buena disposición? R. Dando ejemplo. Debemos ser generosos con nuestra sonrisa y con nuestra ayuda. ¿Por qué nos cuesta tanto tender una mano, dar las gracias al quiosquero, sonreír a nuestra vecina, al conductor que nos encontramos en el autobús, llamar por su nombre al dependiente cuando ves que lo tiene escrito en la placa de su camisa? Si a nosotros nos gusta, a los demás también. A veces, somos tacaños con nuestra vida al no hacer más amable la de los demás.

P. Y al revés, ¿cómo evitamos que las personas tóxicas nos arrastren con ellas?
R.
Es conveniente que nos relacionemos con personas alegres, interesantes, que nos aporten experiencias y vivencias positivas. En definitiva, que nos generen y mantengan dichas emociones positivas, que nos impulsen hacia delante, que sean de fácil relación. Las demás relaciones hay que dosificarlas, poner en su justo valor las cosas que hagan o nos cuenten. Y si no tenemos más remedio, utilizar una pregunta que suelo hacerme cuando tengo que tratar con este tipo de personas: ¿Qué me gusta de…..? Todos tenemos cosas buenas y centrarnos en lo bueno de los demás ayuda a relacionarnos con ellos porque les miramos de forma distinta. Puede que no logremos ser amigos íntimos, pero podremos relacionarnos de forma más sana.

P. Hay pocos coaches que introduzcan el amor en sus discursos. ¿No es importante?
R.
¡Para mí es fundamental! Es el motor de nuestras acciones más fructíferas. Es lo que hace que merezca la pena vivir. Además, es lo único que cuando más repartimos más tenemos. ¿No es maravilloso? Si ponemos amor en cada cosa que hacemos, el resultado es sorprendente. ¡Vale la pena probarlo!

P. Para terminar la entrevista, nómbrenos, por favor, a un par de personas que sirvan de modelo para el resto de mortales. R. Sería una insensatez nombrar a alguien que sirva para todos. Yo solo puedo hablar de las personas que a mí me ayudan y me guían. Admiro a Nelson Mandela, a Martin Luther King, a Teresa de Calcuta y al Padre Ángel, y a cientos de héroes anónimos que me he encontrado en toda mi vida. Todos ellos son mis modelos a imitar.

 

 

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