Norah Magazine con Pilar de Arístegui

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Amor e historia son los dos ingredientes que mezcla Pilar de Arístegui para construir su última novela, Ultramar. Un relato ambientado en el siglo XVI, época de abusos y corruptelas, y en el que vuelve a aparecer la diamantista Micaela


Entrevista MH y R2

P. Dicen que el inicio de un libro es clave para enganchar al lector. ¿Cómo es el principio de Ultramar? R. Al iniciar Ultramar, la diamantista Micaela nos narra: “Quiso mi buena estrella que topara con don Hernán-Cortés cuando éste salía de palacio”. Y nos relata a continuación, la síntesis de su vida anterior y las razones por las que acabarán marchando a Indias. Y finaliza sus confidencias con unas frases prometedoras: “La Nueva España se me aparece como el mundo nuevo que ansío; la libertad que necesito; culturas esplendorosas; gentes extraordinarias; un eterno sol; la ausencia de frío; la flora exuberante; riquísimas piedras y joyas exóticas… Y hazañas realizadas por seres míticos que están creando un mundo nuevo”.

P. Pongámonos en situación. Siglo XVI, tiempo de crisis y corrupción. Parece que desgraciadamente la historia se repite en nuestros días… R. La historia se repite porque la tentación de adquirir riqueza y poder es inherente al ser humano. En la introducción que siempre añado a mis libros, y que llamo Breve razón de una obra, ya lo aviso: “No todos los que allí marcharon les movía la caridad cristiana. Algunos partieron espoleados por la ambición. Legítima en unos, abusiva y deshonesta en otros”. Pero en aquella época teníamos leyes eficientes y justas, Las Leyes Nuevas, que honrados gobernantes se encargaron de hacer cumplir. Ahora también contamos con leyes justas y gobernantes honrados. Hay que hacer cumplir las leyes.

P. ¿Hay que conocer bien la historia para no repetirla? R. Sí, es necesario conocer la propia historia para aprender de los errores pasados. España cuenta con una historia apasionante que, a su vertiente europea, une la mítica –e interesantísima– historia en América y Filipinas. Quiero repetir una vez más la inmejorable frase del académico de la Historia Hugo O’Donnell: “El objetivo de la novela histórica ha de ser crear curiosidad por una época o un personaje, que luego el historiador puede profundizar”.

P. ¿Por qué ha retomado de nuevo el siglo XVI? R. Porque el siglo XVI es rico en exploraciones y descubrimientos. En esa época, flota en el aire un frenesí de acción, un ansia de conocimiento que llevará a hombres y mujeres a superar los límites conocidos. La geografía, la botánica, la arquitectura… Todas las artes y las ciencias en general gozarán de un impulso formidable.

P. Al leer sus novelas se nota que sus viajes por el mundo están presentes y enriquecen la narración a través de mil detalles de olores, sabores, colores… R. He viajado mucho y sigo viajando. Por razones familiares, pero también porque cuando he de describir un lugar que no conozco marcho allí para empaparme de su espíritu. Además, el ser pintora me ha entrenado para fijarme en las personas y los paisajes, en la forma de pensar y proceder de diversas gentes, sus características…

P. ¿Qué peligros se corren al escribir novela histórica? R. Por muy atractivos que sean algunos personajes muy conocidos resultan difíciles. Encontrar algún hecho nuevo es una árdua tarea. Y al desenterrar del olvido a un protagonista desconocido se corre el riesgo de que no atraiga el interés del lector. Y existe otro peligro, el novelista que no respeta en absoluto la historia.

P. En sus novelas mezcla lo real y la ficción. ¿Cómo lo ha hecho en este caso? R. Yo amo la historia, por tanto, busco la veracidad de los hechos. Además, aviso al lector sobre lo que en mi libro es historia y lo que es ficción. Unas veces dentro del prólogo, con unas listas de dramatis personae, aclarando quiénes son los participantes históricos y los de ficción. En Utramar hay varios personajes que están creados como contrafiguras, pero de los que acabé encariñándome y los hice aparecer en muchos capítulos. Por supuesto, la diamantista Micaela y su marido, el capitán Íñigo de Vidaurre, pero también Estrellatzin, mujer azteca de extraordinario atractivo, y Lagartija Verde, hombre de excepcional ingenio y que guarda lealtad a aquellos a quien ama.

P. ¿Se topó con alguna curiosidad que no conociera de la época? R. ¡Encontré tantas curiosidades! Los fenómenos que observarán los marineros en el océano, luminiscencias y fuegos, fauna marina nunca vista hasta entonces; la avanzada técnica de riego de los aztecas mediante árboles que entrelazan sus raíces como una red para sostener las acequias; la manera de bajar los españoles a los volcanes para conseguir el necesario azufre; el origen inquietante de algunas piedras de Indias; la calidad de la enseñanza y el interés por ella desde los albores del siglo XVI; las dificultades para construir la catedral de México; y las dificultades de Andrés de Urdaneta para encontrar la ruta de retorno desde Asia… ¡Son tantas! Y están todas descritas en Ultramar.

P. ¿Por qué la mujer vuelve a ser una figura clave en sus textos? R. Porque la mujer ha participado en los hechos de la historia -batallas incluidas- como María Esteban que, tras la derrota de Otumba, anima a Cortés de esta manera: “Es razón que los indios entiendan, que somos tan valientes los españoles, que hasta sus mujeres saben pelear”. Las mujeres cruzaron el océano cuando eran abismos amenazadores que se tragaban las frágiles naves; pusieron en marcha haciendas labrando la tierra y dirigiendo telares de magníficas sedas; contribuyeron de manera notable a la enseñanza en los conventos, donde se daba instrucción a las mujeres y a sus hijas. Y trabajaron en los talleres de padres, hermanos o maridos sin ser reconocida su labor. Hasta que una mujer española, La Roldana, en pleno siglo XVII, osa desafiar lo establecido y decide crear sus propias obras ¡y firmarlas! Acabará siendo nombrada Escultora del Rey y olvidada siglos después, como tantas otras.

P. ¿Es Micaela Vallesteros su personaje más querido? R. Micaela está inspirada por seres muy próximos en cuanto a carácter y gusto por la vida. Y representa también a muchas artistas que contribuyeron con su talento al arte. Es, además, el ejemplo de muchas mujeres que, desde el anonimato, contribuyeron a la historia. Es una mujer fuerte, con profundo sentido de la familia, que lucha por unos valores que considera insustituibles. Su generosidad le lleva a ayudar a los que a ella se acercan y posee una curiosidad inagotable por el mundo que le rodea y la diversidad del mismo. Me gusta Micaela y tal vez sea mi favorita porque me gusta su valentía, su curiosidad y su generosidad.

P. ¿A qué público le va a fascinar su novela? R. A todo aquel que goce con la historia contada de manera entretenida; le gusten las expediciones y descubrimientos; y aprecie el afán por la enseñanza en un mundo que recién empezaba. A quien aún tenga la capacidad de asombro por la belleza de los paisajes, añore la mar y disfrute con una sólida historia de amor. Y a quien tenga curiosidad por nuestra fascinante historia en América.

P. ¿Qué evolución ha habido entre su primera novela y esta última? R. Trabajo con más ahínco en la veracidad de los hechos históricos, reflexiono sobre las reacciones y comportamientos de los seres por mí creados para que sean veraces, repaso los diálogos para hacerlos creíbles y estudio sin prisas los usos y costumbres de una época para intentar comprender la psicología de los personajes históricos y la razón de sus actuaciones. Me detengo también en la vida cotidiana, en qué comían, qué obras de teatro les conmovían, cómo eran sus casas, sus viajes… Todo eso -espero- proporciona el aroma de esa época descrita en la narración.

P. Si pintara un cuadro representativo de Ultramar ¿cómo sería? R. Una mandala, como son muchos de mis cuadros. Con múltiples escenas, con trescientos personajes, cada uno en su actividad; colegios imperiales y escuelas con profesores y alumnos; artesanos tejiendo los mimbres, alfareros torneando el barro y orfebres engastando misteriosas piedras; representaciones de teatro llenas de imaginación; construcción de catedrales, ciudades y calzadas; la mar muy presente; y Micaela e Íñigo en el centro, viviendo eternamente su amor.

P. ¿Cómo de fácil o de difícil es pasar de la pluma al pincel, y al revés? R. Son dos caras de un todo. Crear no es difícil, requiere trabajo. En el fondo sigo el mismo sistema: observar. Observar para luego tener en la retina colores, luces, sombras, personas… y pasarlo luego al lienzo o al papel con los pinceles. Para escribir, observo el mundo a mi alrededor, la razón por la que la gente actúa cómo lo hace, qué denota su fisonomía, qué oculta su carácter, la belleza fascinante de un paisaje, la inmensidad majestuosa de la mar… para luego poder trasmitir al lector esas impresiones convertidas en palabras.

P. ¿Le gustaría que algún director llevara al cine la historia de la diamantista? R. Tengo una hija actriz y el cine me entusiasma. Para mí sería muy estimulante que un director se interesara por las aventuras de la diamantista Micaela. De hecho, muchas veces inicio un capítulo con un enfoque muy visual si hay que describir ciudades como Toledo, de rotunda y majestuosa belleza, o el México de aquellos años, de poderosa magia y embrujo. El cine es un vehículo que trasmite imágenes que permanecen mucho tiempo en la retina del espectador. Por ejemplo, de Alatriste recordaré siempre la actitud serena y digna de los soldados españoles antes de la batalla de Rocroi.

P. ¿Qué actriz podría interpretarla a ella? R. Entre los personajes de ficción, me encantaría por supuesto que Pilar, mi hija que es actriz y que aparece en la cubierta del libro, fuera Micaela. En cuanto a Íñigo, creo que -aunque no es actor- el futbolista Xabi Alonso sería un magnífico capitán de Vidaurre. De los personajes históricos, veo a Hugo Silva como un espléndido Hernán Cortés. Y en el papel de Estrellatzin, a Salma Hayek.

P. Para terminar, ¿uno muere cuando su curiosidad por la vida también muere, como dice la protagonista de su libro? R. Azorín decía que la vejez llega cuando se pierde la curiosidad. Yo creo, y así lo afirma Micaela en Ultramar, que un gran dolor puede originar tal desapego de la vida que se pierde la curiosidad y la muerte llega más deprisa. Pero como despedida quiero que la diamantista Micaela nos lo exprese a su manera: “Siento que no he de permanecer por mucho tiempo en este mundo, porque la curiosidad que sentí por las cosas de la vida se ha desvanecido, y ya no se asienta en mi corazón aquella ilusión de antaño”.

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